En una batalla sin guerra nuestros cuerpos se unen. Damos tregua a los orgasmos, no hacen falta palabras.
Entre el vaivén de nuestros cuerpos y cada estocada nuestras almas se complementan. Nuestros gemidos y jadeos ni dejan espacio para escuchar nada más.
Nuestro sudor se mezcla con los fluidos que emanan de nuestros excitados cuerpos. Una batalla en la que no hay derrota.
Solo dos cuerpos exhaustos y excitados.
She®
